HISTORIA CRÍTICA ARQUITETURA E URBANISMO IV _ESTADIO NACIONAL DE PEKÍN
ESCOLA DA CIDADE_2013_ALICIA SERNA_CARLOS SALAS_GONZALO ORTEGA




DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO
El proyecto del Estadio Olímpico de Pekín para los juegos olímpicos de 2008 fue una colaboración entre la oficina Herzog & de Meuron, con el miembro del equipo Stefan Marbach como arquitecto del proyecto, el artista Ai Weiwei y CADG, dirigida por el arquitecto jefe Li Xinggang, resultando ganador del concurso internacional convocado en 2002, al que concurrieron otros grandes estudios del panorama mundial como Zaha Hadid o Norman Foster. Herzog y Meuron ya tenían experiencia en la construcción de estadios de grandes dimensiones con el Allianz Arena de Múnich con su característica fachada, y uno de sus primeros grandes proyectos fue la rehabilitación del estadio de Basilea, su ciudad natal, con casetones de plástico. En ambos se trataba de gestos innovadores, pero prácticamente ligados sólo a la imagen exterior del edificio.
Situado en el punto central el Parque Olímpico, al norte de la ciudad, surge como gran Masterplan incorporando en un área de gran escala los principales equipamientos deportivos y de servicios. Enfrentado a un icono secundario como es el Centro de Deportes Acuáticos (conocido como Watercube), afianza su predominio al situarse sobre un podio. Éste lo coloca en un punto de vista elevado que enfatiza su carácter de hito, a la vez que responde a la necesidad técnica de resistir la actividad sísmica y la posibilidad de extender, bajo el subsuelo, áreas de servicio y accesos que ayuden a dispersar el flujo de visitantes. El mismo objetivo persigue el paisajismo en superficie, con caminos que irradian del estadio con carácter tangencial y enfatizan la geometría generadora del proyecto y vías secundarias que triangulan el espacio.
La afluencia peatonal al estadio se canaliza en una retícula de lisos caminos de pizarra que es prolongación de la retícula estructural del estadio. Los espacios entre estos caminos se ocupan con elementos de recreo para los visitantes: jardines rehundidos, plazas de piedra, plantaciones de bambú, colinas minerales y aberturas en el propio plinto.” [Jaques Chevrier, Ornamento, estructura y espacio , HdeM, El Croquis, 2006]
El estadio en su conjunto está formado por diferentes elementos: el estadio propiamente dicho para la actividad deportiva y dependencias adyacentes, la estructura perimetral y la piel envolvente, que generan un espacio secundario en torno al núcleo. El núcleo central integra en torno a las pista de atletismo las gradas de asientos con capacidad de 80.000 personas, ampliadas a 91.000 durante los eventos olímpicos. A las gradas y sus equipamientos correspondientes se accede a través de una serie de terrazas que dan acceso a las escaleras de emergencia y a las escaleras principales, que se descuelgan en el espacio perimetral apoyándose lateralmente en las terrazas.
Con su corriente estructura de hormigón y la mínima “innovación” mediante una serie de pilares inclinados, el área central, o el estadio propiamente dicho, queda relegada a en un segundo plano, cuando por su función debería ser el corazón del edificio. Así cobra importancia el espacio intersticial generado por la madeja estructural que lo envuelve. Ésta, cuya función principal es sustentar la cubierta del estadio, está compuesto por 24 columnas de acero de 1000 toneladas cada una, las cuales se sustentan unas a otras por su posición radial en torno al núcleo y se retuercen alrededor del estadio.
De este modo se crea la base de la malla y a esta se añade una segunda red estructural con la intención proyectiva de que estructura y fachada se conviertan en un elemento unitario. Es esta segunda red, con una intención mucho más estética, la que le confiere el aspecto de nido de un pájaro. La cubierta inicialmente se planteó retráctil pero después de la caída de un techo en el aeropuerto Charles de Gaulle se decidió eliminar. Esto modificó el presupuesto inicial de la obra de 500 millones de dólares a 290 millones.
Los espacios entre el entramado se rellenan en las áreas superiores con EFTE, una membrana translúcida hinchable que da desde el exterior un aspecto acolchado. Las instalaciones que ahí se encuentran forman unidades autónomas, así pueden materializarse sin construir la fachada como un cerramiento solido, lo que permite la ventilación natural, uno de los aspectos más importantes para la sostenibilidad del proyecto, y le otorgan un carácter permeable que sustente el carácter del espacio perimetral como un añadido al espacio público.



TEORÍA Y PRÁCTICA DE HERZOG & DE MEURON

Los suizos Herzog y de Meuron, brillantes miembros del “star-system” arquitectónico que han acaparado el panorama mundial en los últimos años, son alabados por la adaptación singular de sus obras a cada emplazamiento, a cada cultura. En el panorama de grandes estudios de arquitectura, en muchos casos repetitivos en sus planteamientos, representan una corriente diferente con una estética siempre variante. Cada proyecto presenta variaciones inesperadas, experimentaciones materiales y nuevos conceptos.
Los autores que intentan clasificar a los suizos acuñan expresiones como “minimalismo ornamentado“, mientras que los defensores de su obra hacen malabarismos para contarnos que "lo profundo es la piel". Los expertos en teoría e historia defienden que nos encontramos realmente ante una versión actual de la idea enunciada por Gottfried Semper en "El Estilo en las Artes Técnicas y Tectónicas" (1860-63) de que el origen del muro estuvo en las esteras textiles o entretejidas que se extendían entre dos postes, es decir, que la arquitectura y el espacio primigenio se generaron a través de su involucro.
Los detractores de Herzog & de Meuron se lamentan de la falta de honestidad estructural, o los acusan de no haber hecho más que reinventar el 'cobertizo decorado' (“decorated shed”) de Venturi, pero ahora como una limpia caja suiza, elegantemente envuelta en un ropaje estilístico más refinado y más “moderno”. Otro de los principales de sentido espacial, particularmente en los interiores, que parecen corrientes o insulsos en comparación con las exquisitas envolventes, que parecen concentrar todo el esfuerzo proyectivo.
¿Por qué este énfasis en la piel, en lo que se percibe desde el exterior, que en generar una arquitectura que indague más que nunca en la relación con su entorno y que proyecte sus cualidades a lo que la rodea?
Se entiende todo ello ante el hecho de que los dos arquitectos fueran discípulos de Aldo Rossi como estudiantes en la ETH (Eidgenossische Technische Hochschule) de Zurich a principios de los años 70. Sería una década después, en 1981, cuando Aldo Rossi replanteó en su “Autobiografía científica” la relación existente entre forma y función: “Es evidente que todas las cosas deben responder a una función, pero no pueden agotarse en ella porque las funciones cambian con el tiempo” [ Óscar Miguel Ares Álvarez, Iconos de la memoria. El proyecto de Herzog y De Meuron para la Ciudad del Flamenco, Universidad de Valladolid, p. 72] En este pensamiento venía instruyendo a sus alumnos, y la influencia sería palpable en Herzog & de Meuron:
El axioma de que la forma es una consecuencia de la función no tenía validez en su universo, y, por extensión, en el lenguaje de la postmodernidad. La forma debe prevalecer por encima de las funciones. El mundo, la ciudad, se construyen a través de ellas, no de las funciones que son variables, permutables, transformables. Pueden aparecer, pero también desaparecer; no así la forma que siempre se mantiene.“ [Óscar Miguel Ares Álvarez, Iconos de la memoria. El proyecto de Herzog y De Meuron para la Ciudad del Flamenco, Universidad de Valladolid]
Además, la arquitectura del italiano está íntimamente ligada con dos términos: experiencia, entendida como un proceso de conocimiento subjetivo y sensorial del lugar; y analogía, concepto que explica el resultado final de la forma a partir de rasgos extraídos de construcciones del pasado; estando ambas nociones íntimamente ligadas. Será la primera la que tendrá, más adelante, una profunda influencia en las obras de Herzog y de Meuron y en el característico tratamiento material de sus edificios, que subrayan la componente sensorial del hecho arquitectónico. Esto ocurre principalmente en la envolvente, en el exterior, pues “la experiencia de la forma desde el exterior es la caracterizadora del proyecto” [Jaques Chevrier, Momento e intimidad,, El Croquis, 2006, p. 11] En cuanto a la toma de referencias extraídas de construcciones del pasado, los suizos parecen querer generar sus propias referencias desde cero, desde la contemporaneidad, creando su propio lenguaje para cada obra. Esto se refleja en el proceso de ideación de los proyectos a través de innumerables variaciones en maqueta, documentado en las principales publicaciones y bien conocido.
En el estadio olímpico de Pekín el concepto de monumento, de gran importancia para Rossi, es absolutamene determinante. Heredaron la idea de que un monumento puede cambiar su función conservando su papel estructurador en la ciudad. A través de esta obra nos adentramos en la compleja definición contemporánea del concepto de monumento, y la de su creación de modo planificado, a priori. ¿Cómo se crea un monumento en la heterogénea sociedad contemporánea? ¿Se trata de una cuestión estética, de dimensiones, de escala, de simbolismo político, una “cualidad icónica” [Jaques Chevrier, Ornamento, estructura y espacio, p.37], de un elemento definidor como la columna?
En este caso, y en relación con la sociedad de la información de carácter prácticamente virtual en que vivimos, surge la asignación al estadio de Pekín de la cualidad de monumento sólo por su forma o, más bien, por la imagen que genera, y lo que esta representa. Esta imagen consigue salvar las barreras de lo político tan presentes en China, y representar un término global: el deporte. Como estadio olímpico, se convierte en la personificación de todos sus valores asociados. Se erige en un monumento al respeto intercultural, al esfuerzo, la dedicación, la globalidad. Un monumento a lo que unifica la humanidad bajo un mismo techo durante un breve período cada cuatro año. Y en este caso, ese techo es la piel.
La imagen exportada al mundo a través de una silueta muy característica salva todas las barreras culturales y se enraiza en el imaginario colectivo, que traduce toda la complejidad técnica en la simplicidad de la metáfora del “nido del pájaro”, de entendimiento global y con un profundo simbolismo en la sociedad china. Herzog y de Meuron han creado “una máquina de gran eficacia y visibilidad global para un acontecimiento excepcional hipermediatizado, han proyectado un edificio duradero, que pueda ser objeto de apropiación y transformación por parte del público local.” ¿Significa esto que la arquitectura actual sólo es imagen para la población general? “La seducción de la forma es muy importante. Apela a todos los sentidos y permite que la percepción sea más intensa. El edificio icono adquiere así la cualidad de permanencia del monumento. “[Jaques Chevrier, Ornamento, estructura y espacio, p.30]
Por otro lado es evidente que el monumento en su concepto actual tiene sin duda, como en la Antigüedad, un necesario componente de escala, de dimensión. “Loos tenía una definición polémica del monumento, que enfrentaba el arte, perteneciente al ámbito de lo sagrado, al ornamento burgués de la vida cotidiana. En la concepción laica y funcional que domina desde entonces, el monumento se despoja de lo sagrado y se aleja del modelo conmemorativo. Ahora el monumento es esencialmente un edificio de grandes dimensiones y un hito urbano o territorial, ocasionalmente dotado de una `grandeza´ suplementaria. […] Esta grandeza es antes estética que espiritual.” [Jaques Chevrier, Momento e intimidad, p.12] Este concepto de escala y monumento en la sociedad actual lo ejemplificó Loos en su propuesta para el Chicago Tribune, un ejercicio de redimensionamiento de la columna clásica.
Un edificio de tan magnas dimensiones es también, obviamente, un instrumento político y de evidente carácter propagandístico del régimen chino, para el que los triunfos deportivos constituyen una carta de presentación vital. El estadio es un nuevo símbolo para el ciudadano chino, una representación de la nueva China “capitalista”, de su poder económico y de su importancia en el contexto político mundial. Es llamativa la contradicción entre el servilismo de la obra al régimen chino y la colaboración de Herzog y de Meuron con el reconocido artista Ai Wei Wei, encarcelado por sus críticas políticas a través del arte bajo el pretexto de delito fiscal.
Cómo esta imagen y esta grandeza se adaptan a su emplazamiento, al lugar y a la cultura que los va a acoger, en este caso la milenaria tradición china, es otro de los principales aspectos de discusión en la arquitectura de Herzog & de Meuron. ¿Surge la imagen antes que su implementación al lugar, o es consecuencia del mismo y de todas sus cualidades implícitas?
Respecto a esto, los propios suizos parecen tener una postura, que, sin embargo, se nos antoja un tanto contradictoria: “It is important to us to find the right architecture for each place, which, if possible, is then completed by the city. We have no desire to set up new establishments, but on the contrary, we want to pursue existing inceptions in order to complete the city, so to speak. Monuments are the call to engage with the city's structure and the place, the genius loci, and to include architectural history as material for the design. [Jacques Herzog / Theodora Vischer, Conversation between Jacques Herzog und Theodora Vischer, May 1988, pp. 212-217]
Este genius loci, esta cualidad del lugar, es la que se supone quieren exportar a la estética de su obra, convertirlo en elemento material evidente para el visitante, y es por ello que la “piel”, el exterior, la fachada, concentran sus principales esfuerzos. Para entender la estética de Herzog y de Meuron, que si bien es siempre cambiante, sí consta de unas características propias, que continuamente indaga en “la condición trascendente de los sólidos elementales”. En el comienzo de su carrera, el "redescubrimiento" de los materiales y sus capacidades expresivas desembocaba también en una "vuelta a los orígenes", a un valor "casi primitivo" de la arquitectura, donde eran los propios materiales quienes forzosamente determinaban el resultado de la arquitectura. [Inquietud teórica y estrategia proyectual en la obra de ocho arquitectos contemporáneos, Rafael Moneo].
La búsqueda de la forma del edificio, del icono urbano que se va a implantar en un emplazamiento concreto, es un proceso que surge de la lógica del material empleado y del proceso constructivo. Se puede afirmar que la forma en sí es materialidad y que la seducción de la forma es clave para la generación del proyecto.
El proprio hecho de valorar la superficie antes que otros elementos fundamentales de la arquitectura ya habla sobre una tendencia hacia lo superficial. Frente al poder de la fachada, en la mayor parte de las obras de Herzog & De Meuron, plantas y secciones no adquieren importancia como generadoras del proyecto. Al igual que ocurre en la arquitectura de Robert Venturi, el estudio suizo aplica su ornamento superficial a un interior poco innovador y una simplicidad geométrica en cuestiones tipológicas. De este modo, por ejemplo, el estadio olímpico de Pekín sigue sin romper el modelo tradicional del “bowl”, siempre cerrado sobre sí mismo, generando además composiciones espaciales complicadas dentro de la limitada forma necesaria del cuerpo escultórico que se observa desde el exterior.
El contacto con el mundo figurativo de los artistas minimalistas se hace sentir en su obra, principalmente la de Joseph Beuys, quien desplazó a la materia de su uso rutinario para darle una nueva apariencia e investigó las cualidades de estas como comunicadoras, como catalizadoras de procesos de innovación cuando todo parece ya establecido. Esto condujo a los suizos a un continuo proceso de investigación de las cualidades materiales, que en el estadio de Pekín está, sin embargo, bastante ausente.
La propia investigación profunda de la superficie es en sí misma un oxímoron que pone en disputa a diferentes críticos a la hora de calificar la obra del estudio suizo. Una misma cita legitima su proceso proyectual frente al modo “banal” de otros arquitectos actuales, al mismo tiempo que habla sobre “superficies simbólicas”: “A Arquitetura de Herzog & De Meuron definitivamente não se enquadra naquele viés popularesco de formas alegres e coloridas ou de novas e espetaculares estruturas, tão ao gosto das revistas especializadas. Pelo contrário, em meio ao canto de sereia da fotogenia pós-moderna e do estrelato proporcionado pelos diversos ismos que assolam perniciosamente a disciplina, a simplicidade da fórmula é de espantar: a forma essencial, o corpo tipológico rossiano vitalizado, somado à matéria, à potencialidade dos materiais de construção e às roupagens simbólicas da arte vanguardista de artistas como Joseph Beuys, Thomas Ruff ou Rémy Zaugg.” [Herzog & De Meuron: entre o uniforme e a nudez, Fabio Müller]
El carácter envolvente de los materiales le da ineludiblemente una gran fuerza como hito dentro del paisaje, esté perfectamente adecuado o no a su entorno. El simple hecho de la supeditación optimizada a un material a una escala que no es de su naturaleza ya le hace escapar del entorno urbano en el que debe participar. Todo está subordinado a la esencia de la materialidad.
Nelas, para usar um dito de Nietzsche, parece que “a pedra é mais pedra do que antes”, mas que também a madeira é mais madeira do que antes, o metal é mais metal do que antes, o cobre é mais cobre do que antes, sem contar os liquens, os óxidos, o asfalto e, num plano diferente, as imagens, as serigrafias, as palavras”. [Herzog & De Meuron: entre o uniforme e a nudez, Fabio Müller]
Parece además contradictoria su definición como arquitectura contextualizada en su entorno, como “una máquina lectora de contexto”. El entendimiento diferenciado del espacio al que se adhiere en lugar de convertirse en una mìmesis del paisaje, acaba abstrayéndolo y, por tanto, escapándose de él. Dicho de otra manera, termina sobresaliendo como icono, que parece ser el objetivo de Pekín. La escala adoptada por la superficie por causa de su percepción visual, por su intención caricaturesca de la realidad funcional del edificio y su contexto, limita la propia función del edificio y su contacto con el exterior. A modo de ejemplo, la unicidad que el cuerpo debe lograr puede contradecirse con un interior multifuncional. La alocada y forzosamente arbitraria piel altera la relación interior-exterior adecuada.
Para defender al mismo tiempo estas posturas contradictorias entre sí, probablemente sea necesario leer la obra de estos arquitectos atendiendo a diferentes puntos de vista, que, aunque intentaremos desglosar, al mismo tiempo también están entrelazados.
La experiencia de la materialidad es uno de los objetivos claves en las arquitecturas de estos suizos. El uso controlado de los materiales, de reflejos, luces, líneas visuales, transparencias superpuestas. La suma de todas esas variables y más da como resultado una incertidumbre perceptiva, que causa un éxtasis en el mero espectador.”
[Artículo: “Arquitectos Jacques Herzog & Pierre De Meuron: El arte y la naturaleza en sus procesos de diseño. Marco Delgadillo Villanueva, Revista General Apuntes de Arquitectura]
Otros tantos textos defienden la arquitectura de Herzog & De Meuron como resultado formal del uso de un material determinado en fachada. Parece que Herzog & De Meuron perdieron sus principios en este caso, optando simplemente por un simbolismo adaptado al país de construcción del proyecto: “His response was to draw a tree and a bird's nest to indicate how the structure might be interpreted in China. “ [Paul Glendinning, View from the pennines: Bird's nest architecture, Mathematics today, 2004]
El estadio constituye una excepción en cuanto, tal vez por su escala o su uso, el material, en este caso acero, no es el protagonista de la obra. Lo es la imagen del Nido, y, por tanto, el edificio se reduce a su superficie exterior, no a su realidad como arquitectura útil. En la obra aquí tratada se modela, torsiona, altera el material primigenio a nuevas formas que no surgen de sus propias cualidades con la única intención de generar la forma final. No se mantiene afín a la corriente de experimentación arquitectónica de algunas de sus obras que llevan al material único y epidérmico a sus últimas consecuencias, investigando sus posibilidades en la generación de arquitectura. Por condicionantes de programa y dimensiones, en el estadio, la piel es sólo eso, un involucro, y se torna más relevante el espacio que se genera entre ella y el núcleo.
En esta obra, y tal vez por su relación con el controvertido artista Ai Wei Wei, los suizos explican que el punto de partida para la creación de una nueva obra de arte arquitectónica fue la tradición de la cerámica china y sus decoraciones geométricas. Es decir, trasladan apenas las cualidades exteriores, la imagen, de un elemento a otro, obviando que se trata de elementos de naturaleza completamente diferente. De nuevo, reducen la principal cualidad del edificio al factor superficie, como si de una fotografía o de un lienzo se tratara.
La literalidad tipológica fue perdiendo fuerza poco a poco desde las primeras obras, más sinceras que las actuales. Poco a poco han sido condicionados por la corriente generalizada del formalismo, el simbolismo, el espectáculo, complicando el proyecto y su imagen sin motivos puramente arquitectónicos, sino más bien políticos y publicitarios. “El interés que Herzog y de Meuron muestran por la resolución material de la fachada y los cerramientos ha provocado que ciertos teóricos califiquen sus obras influenciadas por la informática de epidérmicas, irreprochables en su piel exterior pero descuidadas en su interior e incluso a nivel planimétrico.” [Herzog & De Meuron – La incontestable lógica de la materialidad, G. Fernández, theartwolf.com]
Sin embargo, los arquitectos afirman que “la Arquitectura no es un Arte". [Pictures of Architecture – Architecture of Pictures: A Conversation Between Jacques Herzog and Jeff Wall, Springer-Verlag, Vienna, 2004] Según ellos, no se puede entender la arquitectura como una simple expresión individual, como un mero gesto personal, y niegan por tanto la interpretación meramente estilística de la arquitectura. Esto representa la negación no de una imagen, sino de ésta como resultado de factores ajenos a la propia arquitectura. Cabe plantearse hasta qué punto se mantiene este concepto en el estadio de Pekín, donde el complicado entramado exterior no es sino el añadido de elementos prescindibles a la estructura original, que por su concepto por sí misma ya presenta una cierta originalidad. Este entramado además solo afecta al espacio intersticial entre el exterior y el núcleo del estadio propiamente dicho, que en sus formas no puede, por su uso, distinguirse de tantos otros estadios en el mundo.
Es, tal vez precisamente por esto, que Herzog y de Meuron otorgan tanta importancia a la generación de un espacio intermedio de transición con nuevas características espaciales y que pueda aunar nuevas funciones sociales en relación al papel del estadio como lugar de eventos deportivos y como monumento urbano. En el contexto de un urbanismo salvaje a gran escala y deshumanizado, hablan de “insertar un espacio íntimo en mitad del espacio público.” Sin embargo, el estadio no consigue resolver las disfunciones urbanas inherentes a la tipología de un estadio, normalmente utilizado sólo y de forma masiva durante pocas horas a la semana. Buscan un espacio de transición entre el interior y el exterior, pero sigue siendo la tipología de estadio hermético. [“Ove Arup en China (OMA, PTW, Foster, Herzog & de Meuron)”, Artículo de blogger tifosoarchitecture]. Tema en el que otros arquitectos de renombre, como Toyo Ito en Taiwan, o Francisco Mangado en Palencia (España), sí han procurado investigar. En su enorme escala, configura un vacío urbano en lo que se planteaba como un nuevo centro, es un agujero negro en el ya de por sí triste panorama urbanístico actual de Pekín. La envolvente, compuesta por tuberías de acero que se cruzan en diagonal, recuerda vagamente al Nido de pájaros diseñado por Herzog & de Meuron para Beijing 2008, pero en este caso no completa la elipse. [“Cómo recrear la tipología del estadio.”, Graciela Baduel, Clarín.com]
Otro de los factores que más han venido influenciando, no sólo a Herzog & De Meuron, sino también a otros arquitectos estrella, es la aparición de nuevos programas informáticos que modifican los procesos proyectuales y posibilitan planteamientos anteriormente imposibles. No existe límite en la esfera virtual.
La posibilidad de una rapidez insólita deja los proyectos inacabados, sin precisión y sin dominio de la sucesión de escalas adaptables al ser humano. Todo ello ha provocado una evolución palpable en Herzog & De Meuron, desde sus primeras obras, más artesanales y a pequeña escala, hasta las llevadas a cabo tras alcanzar fama mundial. Es absurdo plantear que la arquitectura no se beneficie de los desarrollos técnicos que se llevan a cabo en el mundo, pues ella es un gran impulsor del mercado de la innovación, pero las nuevas posibilidades que se ofrecen parecen haber trasladado la arquitectura del mundo de las leyes físicas y de la realidad tangible a un espacio virtual donde todo es posible. Y esto sólo es posible en la realidad con enormes costes en el planteamiento de nuevas técnicas de construcción, de generación de piezas casi únicas. “Sin perder estas ideas, muchas de sus obras posteriores resultan más complejas, y es de señalar la posible influencia que en ellas ha tenido el desarrollo de la informática.”, [Herzog & De Meuron – La incontestable lógica de la materialidad, G. Fernández, theartwolf.com] ¿Realmente es esto necesario? ¿Acaso hemos llegado a un punto en que “todo parece haber sido inventado y la principal intención del arquitecto parece ser la de ser el más innovador, el más osado y, por ende, el más ajeno a la realidad?

Es complejo determinar hasta qué punto esto acontece en el caso del estadio de Pekín. Como se corresponde en la actualidad, el proceso de proyecto estuvo intímamente ligado al programa paramétrico CATIA, como tantos otros proyectos cumbre de la actualidad (por ejemplo el Guggenheim de Bilbao). Sin embargo, como algunas imágenes y planta, así como las maquetas de proceso proyectual nos permiten adivinar, la estructura principal no es sino una repetición de un elemento individual simples, generando la complejidad aparente. Ello no significa una simplificación en el cálculo estructural, por ejemplo por las intersecciones de elementos secundarios, sino que toda esta complejidad responde a unas reglas matemáticas muy precisas. De hecho, ello permite que el diseño aparente ser mucho más complejo de lo que en realidad es y, por tanto, casi inexplicable para el público en general. “Resulta señalable la actitud un tanto contradictoria que Herzog ha mantenido con respecto a este tema: si bien en sus conversaciones con Jeff Wall alababa al ordenador "que carece de escala a priori", en otras entrevistas lo ha señalado como culpable de gran parte de los males de la informática moderna. En cualquier caso, la influencia de la informática en obras como el estadio Alliance Arena es innegable.” [Herzog & De Meuron – La incontestable lógica de la materialidad, G. Fernández, theartwolf.com]
Pasados cinco años del éxito fugaz de Pekín 2008, “El Nido” permanece sin ninguna función regular determinada, sin expectativa de mantenimiento a largo plazo, como múltiples artículos aseguran. “Ahora, la megaconstrucción se encuentra abandonada, con un alto deterioro en su estructura, a la espera que los entes gubernamentales decidan qué destino darle. Se ha pensado en la demolición, pero hasta el momento no se ha decidido nada en concreto.” [“En Beijing no saben qué hacer con el Nido de Pájaro”, marzo 2009 Reuters.com]. No existen en China acontecimientos deportivos de la magnitud para la que fue proyectado el estadio y el Gobierno quiere mantener intacta la “memoria” de este lugar simbólico para la China contemporánea, negando por ejemplo el uso del estadio al equipo de fútbol de Pekín porque su limitado número de aficionados podría ridiculizar la magnífica obra.



OPINIONES Y DEBATE
Uno de los puntos fundamentales desarrollados en capítulos anteriores que merece la pena aún ser puesto en crítica de un modo más preciso, es la vinculación o no de la arquitectura de Herzog & De Meuron con “la arquitectura del espectáculo” o el “star system”. Es innegable que los suizos forman parte del selecto grupo de arquitectos que participan, de modo casi exclusivo, de los grandes concursos mundiales. No en vano, su fama se debe a la calidad y a la cualidad de sus obras y, ciertamente, a su peculiar estética. ¿Podría el estadio de Pekín haberse convertido en un hito de la misma magnitud sin el sello de Herzog y de Meuron o de algún otro gran arquitecto? Probablemente no, pues sólo ellos fueron capaces de proponer precisamente esta arquitectura, este estética, de proporcionar las herramientas para que el edificio sea asimilado por la sociedad mundial, en gran parte ignorante del panorama arquitectónico?
Tratándose de un edificio de tal envergadura, ¿cómo de profunda habrá sido la participación directa de los suizos? ¿Son ellos apenas una firma, un nombre, para luego asignar el trabajo principal a otras oficinas de arquitectura e ingeniería? ¿Es esto lo que se vende, lo que valoriza el edificio? ¿Cuáles fueron sus límites a la hora de proyectar, qué planteamientos de durabilidad, costes. Sostenibilidad existían en sus planteamientos?
Es innegable la calidad arquitectónica de los suizos y el renombre mundial del que el régimen chino se sirve para la creación de su particular hito, pero debe plantearse el hecho de que un grupo que se plantea alterar los cánones estéticos, proponer nuevos conceptos, apropiarse de la herencia del pasado para proponer un futuro no consiga sino apenas generar una imagen visual. Uno se plantea si la arquitectura he perdido su raison-de-être, si no existe un ideal social en ella, si tan pronto se puede proponer lo mismo para una democracia que para una dictadura. ¿Qué diferencia este edificio, surgido en el siglo XXI, del Coliseo romano construido para gloria del emperador o de los conjuntos monumentales estalinistas? ¿Acaso se viste con esta misma piel que encontramos en el estadio la realidad que lo rodea? Es evidente que el edificio se encuentra fuera de espacio y de lugar, construido para un evento efímero tras el que ha entrado en desuso y abandono (con enormes costes de mantenimiento asociado a él), sin una verdadera función más que la de la propaganda del turismo interno chino. El edificio ha cumplido su función, el arquitecto ha fallado.
Porque pese a toda la teoría que pretenda sustentarlo, se trata de una arquitectura de mercado, que se rige por el imperante capitalismo global, como es lógico, pues es del dinero que depende el planteamiento de estas arquitecturas. El mercado global y los países emergentes más en boga asociados a él, como China o los Emiratos Árabes, han utilizado la arquitectura como generador de iconos, de una identidad nacional asociado a una idea de desarrollo y consumo, a la venta de un falso futuro a sus ciudadanos que oculte así, con el fulgurante brillo de las construcciones acristaladas, las verdaderas razones sociales que deberían involucrar al pueblo. La arquitectura al servicio de gobiernos que buscan desarraigados nuevos iconos de sus ciudades, en lugar de estrategias, planes o proyectos realmente asociados a su historia, a sus necesidades.
La arquitectura ha sido la herramienta para ciertos países de establecer una identidad en el moderno panorama global, en la confusión que su heterogeneidad plantea, perdiéndose en muchos casos la identidad nacional. ¿Acaso no debería haber sido planteado el estadio de Pekín por un estudio chino? Puede que la respuesta a esta pregunta resida en la baja calidad de la arquitectura china, si bien existe la figura del reciente Pritzker Wang Zhu, un nombramiento muchas veces relacionado a intereses poíticos.
La búsqueda de un éxito fugaz por causa de una falta de intenciones programáticas del proyecto es uno de los grandes síntomas de la “arquitectura del espectáculo”, donde la repercusión social no queda estudiada, donde el usuario queda subordinado a ella. “Esta situación ha dejado a un lado al sujeto en favor de las necesidades del mercado. El usuario tiene entonces que ajustarse y conformarse con un modelo predeterminado, por lo que no tiene participación activa en la construcción del mundo en el que habita: un mundo de apariencias, el de las pasarelas de moda.” [Artículo Liliana Ochoa para noticias arq.com.mx]
Esta corriente, cada vez más cuestionada, ha entrado en declive como consecuencia de la crisis global que ha acaecido en los últimos años. “Todo se hace para conseguir un efecto rápido y seducir a los políticos e inversores con gestos sensacionalistas en sintonía con la economía de la mercadotecnia, con la privatización, con los intereses fugaces del capitalismo global y con la sociedad del espectáculo” [William Curtis , La crisis del 'star system', El País, 12 abril 2008 ]. El estadio de Pekín constituye así el perfecto falso atrezzo en un escenario real completamente diferente, un medio de propaganda que oculte los problemas más profundos del país, representando la industrialización que está impulsando el país con enormes costes sociales y ambientales.
De todos modos, sus más grandes detractores los acusan de una necesidad impulsiva de transmitir un simbolismo material poco coherente con el proceso proyectual del resto del edificio, o, yendo más allá, de caricaturizar superficialmente una función, un material o un contexto. Parecen tener la necesidad de innovar por innovar, de proponer siempre su sello variante y reconocible, como si ello fuera a concentrar lo fundamental del edificio en detrimento de otros elementos. 
La necesidad, como ya se comentó previamente, de proyectar una estructura falsa en la envolvente de “El Nido”, reincide en la prevalencia de la superficie en detrimento del resto de capas del edificio. El revestimiento está enmascarando la estructura real, que, quizá más claro que nunca en Herzog & De Meuron, no ayuda a la composición programática o del interior del edificio, sino a una exageración de la imagen exterior para su concepción como hito. Es este último el pensamiento que ha impregnado el proyecto y su único resultado exitoso ante la carencia de utilidad como principio básico de la arquitectura. El estadio se aleja así de muchos otros agentes que deben dirigir el planteamiento arquitectónico en la actualidad, como la sostenibilidad, un urbanismo más humano y social. Es una arquitectura fallida y obsoleta, un enorme deshecho que permanecerá, envejeciendo en su decadencia prematura, en el panorama urbano de Pekín hasta que llegue la necesidad de un nuevo icono, una nueva imagen, para sustituirlo.



BIBLIOGRAFIA
[Jaques Chevrier, Ornamento, estructura y espacio , HdeM, El Croquis, 2006]
[ Óscar Miguel Ares Álvarez, Iconos de la memoria. El proyecto de Herzog y De Meuron para la Ciudad del Flamenco, Universidad de Valladolid, p. 72,]
[Jaques Chevrier, Momento e intimidad, El Croquis, 2006, p. 11]
[Jacques Herzog / Theodora Vischer, Conversation between Jacques Herzog und Theodora Vischer, May 1988, pp. 212-217]
[Paul Glendinning, View from the pennines: Bird's nest architecture, Mathematics today, 2004]
[Pictures of Architecture – Architecture of Pictures: A Conversation Between Jacques Herzog and Jeff Wall, Springer-Verlag, Vienna, 2004]

[William Curtis , La crisis del 'star system', El País, 12 abril 2008 ]

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